Ana Virginia Calzada deja la Sala Constitucional, pero no descansa

Publicado el: 26 Jul 2013

Un poco abatida por los vaivenes de las mudanzas y despedidas, la expresidenta de la Sala Constitucional abre las puertas de lo que fue su despacho durante cuatro años, para evidenciar que este no es el final, sino todo lo contrario. 

 

 

Por María Fernanda Cruz
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Fotos cortesía de Eduardo López

 

"Los grandes triunfos son los que creemos que son pequeñas cosas pero que en realidad producen grandes cambios".

 

La jubilación le llegó un poco más tarde de lo que hubiera querido, pero por fin llegó. Ana Virginia quiere sacar tiempo para ella y eso significa devolverle a la sociedad lo que le ha dado y dedicarse a las personas que quiere. Paralelamente, ya se abrió una oficina para sus asuntos profesionales, porque, como dicen entre pasillos, la presidenta no se queda quieta.  

¿Quién tuviera 60 años sin tiempo para pensar en cuántos años se han gastado? O “invertido”, aclararía ella. El tiempo no se gasta, se invierte

Cruza la pierna cubierta por un lino rojo intenso y contiene la postura pero se desploma en confesiones sueltas de compromiso. Es como si, al filo de los últimos días de su presidencia, ya no sintiera la presión de un puesto en una Sala a la que los ciudadanos le atribuyen todas las decisiones país

 

P. ¿Qué se le queda por fuera?

A. Temas en acciones de inconstitucionalidad que tienen implicación política importante. La reforma de la sala, a pesar de que corrí mucho. Tenemos muchas sentencias, muchos casos que se tienden a pasar a otras jurisdicciones. Efectivamente, algunas deben pasarse, pero otros no, y ahí viene el balance entre el trabajo y lo que humanamente los miembros del tribunal podemos resolver. 

 

P. Pero es por eso que en este país existe la percepción –errónea, dice usted– de que la Sala Constitucional es la que termina gobernando. 

A. Sí, y la resolución al problema está en el campo de la gobernabilidad. Tenemos que afrontar ese error como país: cada uno debe resolver de acuerdo con las responsabilidades que le toca. Si yo soy legislativo, a mí me toca dictar las leyes, a mí no me toca mandarlas a la Sala. 

 

P. ¿Qué hace falta para resolver?

Tenemos que asumir que este es un problema de gobernabilidad, de asumir las responsabilidades que a cada uno le tocan. Es estar conscientes de que si a mí me nombran aquí y me dan un salario, es para que haga algo, no para que venga simplemente a sentarme.

 

P. ¿Cuál es el papel de los ciudadanos?

Ya los ciudadanos estamos en una posibilidad de hacer denuncias. Vea los movimientos sociales que se han dado últimamente: son movimientos que nos llevan a un cambio positivo. Cuando uno lo piensa un poco más pareciera un poco lógica esta etapa por la que estamos pasando, es un paso a una etapa con más responsabilidad, donde los poderes saben que los estamos viendo y que nos estamos comunicando. Eso podría dar pie a que las cosas vayan por mejor camino.

 

La cuesta que más cuesta.

A veces el puesto desgasta, dice la expresidenta, no tanto por los problemas más grandes o los temas más sonados, sino por los casos pequeños que ella misma no puede resolver: una señora a la que no le dan casa, una familia desalojada sin tener a dónde ir. Sus temas privilegiados siempre fueron los más humanos, pero el que más la preocupa, aún hoy, es la situación real de la mujer. 

 

P. ¿Cuál es el principal reto de la mujer de hoy?

La maternidad. Muchas veces oímos preferencias para darle trabajo a un hombre porque el hombre no se embaraza. Que la mujer se embarace no quiere decir que tenga menos fuerza.Hay más hombres jóvenes en ciertos puestos altos porque tienen más chance de sacar maestrías, escribir y dar clases mientras la mujer está cuidando chiquitos. 

 

P. ¿Le preocupa el hecho de que Laura Chinchilla haya dejado una imagen de una mujer que no toma decisiones?

A. Sí, porque eso impide el acceso de las mujeres a puestos de decisión. No podemos hablar sin saber qué hay detrás de los telones, pero sí son preocupantes esos comentarios. Y otra cosa que tiene que ver con eso: cuando uno no toma decisiones entonces es que las mujeres no toman decisiones, pero si sí lo hace, entonces lo califican de la Tatcher. 

 

P. ¿Eso la ha afectado?

Yo tengo un carácter... a mí no me importa lo que se diga. Yo tengo que tomar las decisiones de acuerdo a lo que el conocimiento y la conciencia me digan que tengo que hacer. 

 

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