Arrieros de San Gerardo de Rivas, los protectores del Chirripó

Publicado el: 30 Jul 2013

Organizados en una asociación sin fines de lucro, los vecinos de San Gerardo de Rivas de Pérez Zeledón cambian, cada tanto, el jornal por el amor a la montaña que los resguarda.

 

 

Por Thaís Aguilar
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Fotos Germán Fonseca

 

Cada cuanto cambian las palas y la tierra, por las múltiples maletas y salveques que cuidado y esmero, llevan cada mañana hasta la base del Chirripó. Ellos son algunos de sus guardianes.

 

San Gerardo de Rivas de Pérez Zeledón es una pequeña localidad que colinda, nada menos y nada más, que con dos de lo cerros más emblemáticos del país: el Chirripó y el Urán.

Vecino del Parque Nacional Chirripó, este pueblo de campesinos que viven de lo que cultivan y venden sus excedentes en la cabecera del cantón, ha aprendido a mezclar el cultivo de hortalizas y otros productos, con el turismo rural.

Organizados en una asociación de arrieros, cargadores y cocineros, son aproximadamente 72 personas entre mujeres y hombres, quienes asisten a la numerosa cantidad de turistas, nacionales y extranjeros, que semana a semana se animan a subir la larga jornada de casi 15 km hasta base Crestones, en el valle del mismo nombre, donde se ubica el albergue y la casa de guardaparques del parque nacional Chirripó.

Jornal y acarreo 

Un total de 18 personas que cocinan y 50 arrieros y porteadores, así como tres vecinos que laboran como personal de apoyo administrativo, se encargan de halar maletas, maletines y salveques que los turistas requieren para su estadía y las caminatas en el cerro, así como alimentos, artefactos y utensilios para el refugio del parque de Valle Crestones.

En caballo o a pie, estos hombres, delgados, fibrosos y energéticos, le salvan la vida a cualquiera que no esté en condición de llevar sus propias cosas en ese duro ascenso o que, por algún motivo, tenga un accidente o malestar de salud.

En temporada alta –entre diciembre y mayo--, cada uno puede hacer hasta 10 viajes cargando todo tipo de equipajes y objetos en su espalda o a caballo. Ellos cobran 1.500 por kilo de carga y lo máximo que acarrean por persona son 14 kilos, por lo que hay que calcular unos 15.000 por el servicio de ida y vuelta.

Cuando los caminantes llegan al pueblo de San Gerardo, deben acudir a las instalaciones de la asociación, ubicadas a un kilómetro de la casa central de guardaparques. Allí deben dejar la carga que mandan con los acarreadores, y quedarse con lo que van a usar para su ascenso.

Los arrieros salen a las 2 a.m. y llegan al albergue Crestones a las 6.30 a.m. De acuerdo con la carga que lleven (alimentos, maletas, utensilios y otros), pueden durar entre tres y cuatro y media horas. Una vez en el albergue, se preparan para traer el equipo de los paseantes que regresan, así como utensilios y hasta la basura clasificada.

Según cuenta Melvin Monge, presidente de la asociación, organizarse con este servicio les ha servido como medio de vida que combinan con la agricultura, tanto a ellos como al personal que se encarga de vender el servicio de comidas –el cual se contrata por aparte--, para los visitantes que no desean ocuparse de esa importante misión.

“Las ganancias por estos servicios sirven para mantener la asociación y se divide en partes iguales con los que realizan estos trabajos”, señala.

Él y sus compañeros aman estas montañas y cuidan su entorno con gusto y cariño. Cada cuanto cambian las palas y la tierra, por las múltiples maletas y salveques que cuidado y esmero, llevan cada mañana hasta la base del Chirripó. Ellos son algunos de sus guardianes.

 

Comida caliente 

Otro servicio que le recomiendo cuando sube a nuestra cumbre más alta, es el de la cocinada y alimentación. 

Un grupo de mujeres y hombres, también de San Gerardo y comunidades aledañas, se reparten este trabajo, ya sea solos o en pareja –cuando el grupo es de más de 20 personas--, lo que aliviana, sin duda, la  ruda tarea de cocinar luego de la extenuante caminata de ascenso y de organizar la madrugada siguiente para procurar de ver el amanecer en la cumbre del cerro, a 8.320 meros de altura, y adonde hay que llevar una buena merienda.

Ellos trabajan tres días y dos noches –tiempo máximo de estadía-- y ofrecen tres tiempos de comidas y una merienda para el viaje de regreso. 

El equipo de cocina es quien ayuda a clasificar la basura, puesto que son ellos quienes más la utilizan y hasta compostera tienen.

Con Siday Padilla, la cocinera que gentilmente nos cocinó y mimó en la gira que Perfil realizó con colegas de varios medios y personeros del Banco Nacional, aprendí lo bueno que sabe el aguadulce con té de manzanilla a 3,500 metros sobre el nivel del mar, y hasta picadillo de papaya verde nos preparó una noche. ¡Toda una delicatessen de la cocina costarricense!.

Ella cuenta que el turista que adquiere el servicio de cocina, puede escoger entre varios menús y el precio mínimo, promedio, por persona, es de 35.000 por la alimentación y preparación para tres días. Pero si es un grupo grande, el costo del servicio puede bajar.

Se los garantizo, vale la pena pagar un poco más y tener una sopita caliente o un delicioso arroz con pollo luego de las largas caminatas que una debe hacer para abarcar la mayor cantidad de sitios, debido al poco tiempo que se cuenta para disfrutar de la montaña mágica.

Guardián de guardianes

Definitivamente, los que completan este triángulo de cuido y simbiosis con esta cumbre son los guardaparques del sitio, personal que termina, generalmente, altamente involucrado con las comunidades que rodean los parques nacionales y son pieza fundamental para la protección de la zona.

A nuestro equipo lo atendió Freddy Guzmán Mena, quien con 23 años de experiencia como guardaparques, tiene seis de estar en base Crestones y San Gerardo de Rivas. A lo largo de su carrera, todavía poco común en el país, ha estado en los parques Isla del Coco, Palo Verde, Rincón de la Vieja, Lomas de Barbudal en la zona de conservación de Tempisque, Tortuguero, Barra del Colorado, Pacuare y el parque Internacional de La Amistad. 

Freddy nos cuenta que, definitivamente, hay una gran demanda de visitas al cerro, pero sus condiciones de páramo y la fragilidad de su ecosistema, obligan a limitar el número de visitantes y su estadía, así como cuidar muy bien la forma en que se desecha la basura. Incluso, para distribuir bien la demanda de ascenso, solo se reservan de 1 a 4 campos por persona que llame.

El albergue nuevo, abierto en 1998, permite una ocupación máxima de 40 personas, quienes solo pueden estar tres días y dos noches. La época de visitas se divide en dos: verano y época lluviosa, la primera va del 1 diciembre al 15 de mayo y la época de lluvia va del 1 de junio al 30 de noviembre, excepto en octubre, ya que el mes completo se requiere para dar mantenimiento al albergue y otras zonas del parque. 

Según Guzmán, el visitante que llega al Chirripó es muy especial y selecto, es gente que ama el montañismo, es cuidadosa de la naturaleza y proclive a la clasificación de basura y a un estilo de vida sostenible. La época de mayor visitación es de diciembre a abril y al año suben alrededor de 7.000 personas. En este enlace le contamos cómo reservar su espacio. 

De hecho, hay gente que sube y baja en un solo día, cuenta Freddy, quien advierte que, para poder hacer semejante hazaña, se requiere de una excelente condición física y aclimatación a la zona de altura.  Ver nota sobre preparación para subir el Chirripó. 

Como ven, en esta comunidad y montañas, los guardianes son quisquillosos con todo, porque su misión es preservar de la mejor manera los prístinos bosques y montañas que les cobijan y que son, en última instancia, su forma de vida y sobrevivencia.

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