Del periodismo a la aviación

Publicado el: 28 Jan 2013

“Muere lentamente quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida huir de los consejos sensatos”, Martha Medeiros.

Por Daniella Fernández
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Convencida de que arriesgarse es perder el equilibrio momentáneamente, pero no hacerlo es perderse a una misma, migré de una sala de redacción a una de abordaje.

En abril del 2012, una amiga se enteró de que estaban entrevistando a  interesados en trabajar como sobrecargos y me avisó. Por pura curiosidad periodística asistí a la convocatoria sin experiencia ni papeles que me respaldaran. Cerca de 400 personas se presentaron a la primera cita, la mayoría conociendo el teje y maneje del puesto y con los requisitos aprobados: visa estadounidense, carrera universitaria, natación, dominio del inglés, cartas de recomendación y otros.

Más como observadora que como participante, me interesé en el proceso de selección. Entrevistas en ambos idiomas, análisis sicológicos, conversaciones con gerentes, desenvolvimiento ante un jurado, manejo de situaciones estresantes, pruebas físicas, presentación personal… fueron algunos de los filtros por los que pasamos los 17 elegidos para recibir el entrenamiento inicial.

Una semana después de escuchar el esperado “bienvenidos a bordo”, debíamos empezar el curso, lo que implicaba renunciar a nuestros trabajos para capacitarnos durante tres meses a tiempo completo.

Así que tras cinco años de crear y dirigir el departamento multimedia de Revistas de Grupo Nación, decidí renunciar a mi puesto para ser coherente con mis ideales y asumir nuevos retos.

Poco saben que para obtener una licencia de tripulante de cabina es necesario aprobar cursos teórico-prácticos sobre legislación aeronáutica, fisiología de vuelo, meteorología, usos horarios, mercancías peligrosas, prevención de accidentes, manejo de fuegos y humos, primeros auxilios, entrenamiento de supervivencia, gestión del recurso humano, entre otros conocimientos que nos hicieron estudiar madrugadas enteras.

Si bien el servicio a bordo es el trabajo más evidente que desarrollamos como sobrecargos, la seguridad aérea es la razón por la que nos capacitamos de manera exhaustiva.

Aún es pronto para sacar conclusiones, considerando que recién empecé a volar. Sin embargo, las anécdotas y protagonistas empiezan a despegar junto a la certeza de que el periodismo es tan apasionante como la aviación. 

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