La Poderosa Lesbia Téllez

Publicado el: 30 Sep 2013

Lesbia es parte del grupo guatemalteco “Las Poderosas Teatro”, un grupo de mujeres que han tomado las riendas de sus vidas por medio del teatro.

Por: Eunice Báez S.
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Fotos Jeaninne Cordero

Una sola luz sobre el rostro de Lesbia Téllez es el que define las facciones redondeadas de una guatemalteca que tiene muchas historias, pero que hasta hace poco se atrevió a contarlas. La iniciativa surgió precisamente en el seno de una terapia psicológica para sobrevivientes a violencia de género. Fue en ese espacio, junto a otras mujeres con la necesidad de liberar sus historias sobre las tablas, que en el 2008 apoyadas por el dramaturgo español Marco Canale, elaboraron una pequeña pieza llamada “Las Poderosas”.

Esa primera propuesta, ideada para un documental, fue tan reveladora que las involucradas no podían más que darle continuidad. Sobre el escenario y con palabras de fuerza y esperanza, Lesbia se apodera de la audiencia con una de sus historias. En el fondo se proyectan imágenes de un pasado, que el teatro ha ayudado a sanar. Actualmente Las Poderosas, además de hacer teatro, imparten talleres y comparten la experiencia de sanación que ellas todavía viven.

Lesbia es el vivo ejemplo. La fuerza, la ira y la tristeza de la interpretación se hacen una con la energía y optimismo de una mujer empoderada. Perfil conversó con Téllez, quien visitó Costa Rica en el marco del Festival y Encuentro Centroamericano de Teatro.

P: ¿Qué es el teatro para Lesbia Téllez?

L: Es una herramienta de sanación y transformación. Un lugar donde podemos expresarnos, decir lo que sentimos, y lo que pensamos... sin miedo. Además es una oportunidad para dar a conocer las problemáticas que no se hablan. Con el teatro, con esta herramienta tan especial, podemos lanzarlas a la población. No solo contar la violencia, dar a conocerla, o ponernos en el lugar de las víctimas. Podemos decir: sí es cierto, esta violencia hemos sufrido, pero aquí está una propuesta de cambio.
 

P: ¿Cómo llegó a este proyecto?

L: Todas recibíamos terapia en una organización, unas llegaron por ayuda legal y otras por ayuda psicológica. Cuando llegó a Guatemala este proyecto dirigido por Marco Canale de España, se trataba del rodaje de un documental, pero la propuesta de él era hacer una puesta en escena, muy diferente a la forma normal de hacer un documental. En esa época el pequeño montaje que se inició daba a conocer los tipos de violencia que cada una sufría.

 
P: ¿Cómo fue ese primer proceso?

L: En mi caso particular yo pensaba que violencia era solo que te golpearan, que es la forma en como la mayoría de las mujeres conciben la violencia. Cuando empecé a leer y empecé a ver todos estos tipos de violencia, que si te gritan, que si no te dejan salir… bueno pues me di cuenta que todo esto lo viví, sin saberlo. Partiendo de ahí fue que todas empezamos a contar nuestros testimonios y de ahí salió una obra pequeñita que iba en paralelo con el documental.Cada una tomó el rol del agresor y cada una asumió un tipo de violencia. Fue un momento de liberación.Una vez que empezamos a tener ese contacto con el teatro fue increíble para todas. Esa experiencia de estar en un escenario, de poder hablar, gritar, de poder decir lo que sentimos y queremos. Cuando fue el estreno pudimos darnos cuenta del impacto que tuvo en los espectadores. Prueba de ello es que un señor se puso de pie y empezó a llorar, diciendo que hasta ese momento se daba cuenta que había sido un violentador. Fue impactante. 
 

P: Han tenido mucho éxito, en poco tiempo...

L: Nos empezaron a invitar a los departamentos (provincias de Guatemala) con esta pequeña obra. Las mujeres al terminar nos decían: “queremos hacer los que ustedes hacen”. Entonces vimos la oportunidad y la necesidad de ayudar a otras mujeres. Cuando Marco regresó de terminar el documental en España, le dijimos que queríamos seguir trabajando pero no sabíamos cómo. Entonces él empezó a hacer las gestiones y recibimos apoyo del Centro Cultural de España en Guatemala y del Centro de Formación de Antigua. Empezamos el proceso de la obra “Las Poderosas”. Nos capacitaron, recibimos talleres de género, técnicas teatrales, dramaturgia. Fue un proceso extenso de creación colectiva que duró 8 meses. En esta obra, más que la violencia, se muestra lo que cada una como mujer sobreviviente estaba pasando. Hay un personaje que se llama La Poderosa y que contiene parte de todas la historias. Es una obra que va creciendo, evolucionando.
 

P: ¿Se imaginaron tanto éxito?

L: Nosotras no nos imaginamos que este proyecto creciera así. Nuestra visión, la visión desde siempre, ha sido poder ayudar a otras mujeres con lo que hacemos. Ese es el enfoque nuestro. Que las mujeres sean sensibilizadas y también sus hijos. Porque lo que pasa es que la violencia se ve como algo normal. Luchar contra eso es lo que hacemos. Por eso en el 2011 también nos capacitaron, junto con Marco, para dar talleres usando el teatro como herramienta, esa es nuestra metodología. Lo que tratamos es de compartir nuestras experiencias y saber que todas podemos ser creadoras.

P: ¿Cómo fue para usted personalmente?

L: Vivo a 10 minutos de la capital. Cuando empecé en esto yo tenía un trabajo de medio tiempo, yo tengo 6 años de estar separada y tengo 4 hijos. Aunque había estudiado secretariado tenía 20 años de retraso y no tenía experiencia. Entonces decidí sacar un bachillerato por madurez, fui a un centro de capacitación, me empecé a preparar. Tenía trabajos de medio tiempo, pero luego el proyecto fue creciendo y hubo la necesidad de que alguien se dedicara tiempo completo, entonces entre todas me eligieron a mi. Ahora soy la coordinadora y representante legal de la asociación. Personalmente estoy muy contenta de participar de este colectivo. Para mi ha sido una transformación, si retrocediera años atrás no me reconocería. 

P: ¿Qué opina su familia?

L: Mis hijos están contentos. Al principio fue una lucha porque el arte del teatro no lo veían como una profesión. Primero porque tengo cuatro hijos y en ese momento todos estaban solteros, no tenía ayuda de nadie y tenía que sacarlos adelante. 

P: ¿Y cómo ha sido para otras personas?

L: Hemos visto el efecto que tiene en otras personas. El año pasado en Sololá, departamento de Guatemala, se crearon tres obras, con diferentes comunidades con las que trabajamos. Eran diferentes idiomas pero no fue una limitante para comunicarnos con quienes participaban en los talleres. Logramos generar la confianza, mostrarles que podíamos entenderlas, que no éramos ajenas a lo que ellas estaban pasando. Y además nosotras seguimos en proceso, no ha terminado. 

 

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