Passiflora: una banda a pura pasión

Publicado el: 02 Sep 2013

Apasionarse y florecer. Passiflora, un nombre que llegó casi por casualidad, define a la perfección la naturaleza de este grupo que nació de las vicisitudes y creció como la espuma por puro ahínco e insistencia. Esto es Passiflora en la vida real. 

Por María Fernanda Cruz
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Fotos Adrián Soto

Y si no puedo ser tu sueño/solo puedo ser de verdad,/un poco mas densa en realidad/(Montaña) 

Estamos apiñados alredador de una mesa de un pequeño restaurante frente al Parque Nacional, pero es como estar en casa con viejos amigos. La confianza se irradia, no se impone, y esa es la primera lección. Los amigos no se compran, pero se mantienen a punta de frases de cariño, chistes y choteos. Esa es la segunda. 

A ese clima de calidez Mariana Echeverría, vocalista de Passiflora, le llama buen karma, buena vibra, buenas energías. “Ve como todo es demasiado lindo, deberían hacernos una película”, dice. Y se muere de la risa. 

De esa vibra está lleno Passiflora, un grupo que de pronto revolcó las redes sociales con un concierto filmado por el cineasta Hernán Jiménez, con la  voz de Mariana batiéndonos los oídos en francés, en inglés, en español. La guitarra de Héctor Morales transmitiendo juventud y poder. La batería experta de Manuel Mora, el bajo intenso de Joel Fernández, y las potentes pero cadenciosas voces de Martha Palacio, Tanya Raine y Christine Raine en los coros. Los ritmos tan mezclados, tan eclécticos y, sin embargo, tanta armonía junta. 

Ellos tienen las edades más dispares, las profesiones menos afines y las vidas más disímiles, pero los une esa rara pasión que se desarrolla al forjar un proyecto desde cero y con las uñas. 

Recordá que en las calles de/ tu infancia está/ toda tu canción, toda tu razón de ser.(Montaña). 

 

 

Aquí nadie come de la música, pero todos viven de ella. 

Mariana es profesora de francés, Héctor tiene 17 años y estudia derecho y guitarra, Joel es médico, Martha es periodista, Manuel es sonidista y tuvo un vivero. Vivero en el que, por cierto, sembró pasifloras por muchos años. Pero esa es solo una casualidad más, porque en realidad eso no tuvo nada que ver con la elección del nombre del grupo, dice Mariana. 

“Yo estaba hablando con Ana (una exintegrante). No sabíamos como ponerle al grupo. Ella me dijo ‘tenés que ponerle el nombre de una flor porque es algo muy emotivo y femenino’. Le dije a Ana que el otro día había conocido las pasifloras y ella pegó este grito… y entonces se quedó así, Passiflora”. 

La concepción del grupo se dio en una época enrevesada, hace dos años. Mariana estaba embarazada de un novio “caótico”, no tenía trabajo y tampoco podía conseguir; entonces decidió cantar. 

“Para mí fue difícil porque tengo hijos y debería de estar como con dos trabajos, pero decidí vivir con mis papás y cambiar de rumbo porque yo siento un impulso muy importante de seguir mi corazón y de crear. Todos tenemos esa necesidad.”, dice Mariana. 

Tanya, Christine y Manuel fueron su soporte para creer y crear.

Después se unió Martha, quien cuidaba a Diego, el hijo de Mariana; Joel por recomendación de Manuel; y Héctor, que es “un bombeta de la música nacional” cuando tenía apenas 15 años. 

Vamos a chapear esta maleza/ que nos quiere tragar/en su garganta de ramas/ Y la gente es un puente/al mas allá, al mas allá. (Terremoto)

Las peripecias no son nunca una excusa. Son, más bien, lo que los vuelve quienes son. Y el positivismo, la buena vibra y los mensajes alentadores sin caer en lo cursi, su especialidad. 

Transmitimos la energía natural que cada uno de nosotros tiene y naturalmente es rica, es bonito compartir con nosotros. Es como entregar y abrir el corazón. Es muy emocional”, dice Martha. 
Los conciertos, por ahora, son un par de veces por mes pero ellos saben que vienen tiempos mejores porque la cosa siempre mejora en vez de empeorar. 

“Es como si las melodías llegaran a los oídos de cierta gente. Y esa gente después llega y nos dice: ay yo quiero hacerle un arte a su disco. Nunca tuvimos que pedir demasiado que nos ayudaran. Eso es algo que tiene que ver con la frecuencia en la que nos movemos”, dice Martha. 

Por ejemplo, en el primer concierto de Noches en vela los vio Hernán Jiménez, a quien Mariana comenzó a dejarle mensajes hasta en el muro de Facebook para que viera su música. A él le gustó y les propuso hacerles no solo un video, sino once. 

Su gipsy folk, género escogido porque les permitía ser flexibles, es pegajoso como sus chistes y sus abrazos al despedirse. Son así y esa es su naturaleza. Y estos que están aquí, 3 p. m., lluvia suave, palabras abundantes, son Passiflora. Passiflora de verdad. . 

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