Sally Castillo. Una bruja en Costa Rica recupera la historia perdida

Publicado el: 25 Oct 2013

¿Por qué una bruja decidiría mostrar su rostro en un reportaje? La historia de Sally Castillo, bruja moderna, es la de muchas otras mujeres que practican la brujería en Costa Rica.

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Por María Fernanda Cruz
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Fotos de Rónald Pérez.

 La memoria perdida de las brujas ha sido recuperada por una nueva generación de mujeres occidentales que han decidido practicar su religión sin tapujos. Han retomado las artes antiguas y las han escogido como su modo de vida.

Son distintas a doña Maritza porque tienen su propia religión pagana y les gusta ser llamadas brujas. Son como Sally Castillo, quien sí ha aceptado que su nombre y sus fotografías aparezcan en estas páginas, aunque ya algunos reportajes en otros medios de comunicación la han dejado muy decepcionada. Pero ella no se deja. Ella llama, les dice que le parece un mal acercamiento al tema y exige un nuevo reportaje, "más decente".

-¿A vos no te ofende que te diga bruja?
-¡Honor que me hacés!

La religión de Sally es la wicca. Ella se comunica con los espíritus, hace limpias con hierbas y amuletos, tiene gatos que, por su naturaleza, detectan a los espíritus malignos y los rechazan; lee el tarot, interpreta sueños, tiene premoniciones.Cree en la reencarnación. Cree que ha reencarnado muchas veces.

Me dice que en Costa Rica, casi 4000 personas pueden estar congregadas en el paganismo, que incluye a muchas otras religiones (odinistas, asatrus, arimistas, chamanista, cultus deorum). Dice que el paganismo resurgió a partir de los años 70, cuando la gente comenzó a viajar a otros países y conoció otras culturas.

Al principio se reunían en secreto y algunas veces les echaban a la policía acusándolos de satánicos.

-Pero eso no creo que haya dejado de pasar.

-Claro que no. Un día de estos me topé a una señora en el bus, me vio este anillo (con la estrella de las cinco puntas) y me dijo que si yo sabía que ese era un símbolo satánico.

Sally vive en una casa en las montañas de Cascajal de Coronado con una vista perfecta hacia San Rafael de Moravia. Desde allí, desde sus sillones azules roídos por las garras de sus 16 gatos, me cuenta que la religión wicca es la práctica de la sabiduría. Que para los wiccanos el día nace por la noche y entonces sus celebraciones se realizan bajo el manto oscuro de la luna.

Son ocho celebraciones estacionales al año y se llaman Sabbat. A veces hacen magia y a veces no. Pero es exigente. Hay que tener un compromiso con la religión. “Tenemos normas, ética, dogmas que se respetan”. La gente va y viene. Dentro del mismo grupo la gente tiene edades muy diversas. Muchos esperan cuatro o cinco años para poder entrar

-¿Qué es ser una bruja?

-El problema es que se le llama bruja a una serie de personas de manera muy general. Hay gente que practica la charlatanería. ¡Cuesta ¢200.000 una limpia! ¢500.000 si querés amarrar a tu pareja, un millón si querés eliminar a la tercera persona. ¡Ay por favor! No dejan de ser un problema porque la gente cree que todos somos unos charlatanes.

Sally ni siquiera cobra por leer el tarot, porque para ella eso es manchar el arte sagrado y el don que le dio la naturaleza desde pequeña. Una vez le dijo a su mamá el número de la lotería que saldría al día siguiente porque su abuelo muerto se le había aparecido. Su madre la golpeó, compró el número y salió de pobre por un rato.

Sally podía hacer magia, podía cumplir sus deseos y desde muy chiquita aprendió a avergonzarse de lo que era: una bruja.

A los 21 años, un maestro le mostró cómo guiar su energía para el bien y desde entonces pertenece a la religión que ahora dirige. Es una bruja, pero es una mujer que podríamos encontrar en cualquier lado. Adopta perros y gatos, tiene un esposo y tres hijos que no creen en su religión, pero la respetan. Es enfermera y espera contratos temporales para poder darles de comer a sus animales.

Si Sally o doña Maritza hubiesen nacido unos siglos atrás, escribir estas palabras sobre ellas podría haber significado su muerte. O la mía. Quizás por eso, a Sally no le ofende que le digan bruja, porque siente que está evidenciando la historia. La historia de su arte sagrado. La historia de un holocausto. Pero sobre todo, nuestra historia. La de las mujeres.

 


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