Trabajo voluntario con estudiantes indígenas

Publicado el: 28 May 2013

Ver los rostros de agradecimiento e ilusión de los menores me llenó de satisfacción.

Por Karen Fernández M.
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Foto por Karen Fernández

 

El pasado mes de marzo tuve la oportunidad de compartir con 38 estudiantes de dos pequeñas escuelas indígenas en el cantón de Buenos Aires, Puntarenas y con sus familias.

Mi viaje fue parte de la iniciativa de la Asociación Universitaria Pro Educación Indígena (Asunipei) que desde hace ya varios años trabaja por mejorar las condiciones de vida y educación de esta población.

Los beneficiados en esta oportunidad fueron los 23 estudiantes de la Escuela Biköm Di y 15 más del Centro Educativo Aköm, ubicadas a 12 y 8 kilómetros respectivamente del centro de Buenos Aires de Puntarenas, en el territorio indígena Salitre.

Gracias a un contacto previo con los directores de las escuelas, Asunipei se aseguró de organizar los paquetes con el material didáctico y uniformes a cada uno de los menores conforme a sus características personales y grado académico, lo cual me parece más práctico, pues muchas veces tenemos la buena voluntad de colaborar, pero lo recolectado no se ajusta a las necesidades de los beneficiados.

Tras un agitado viaje adentrándonos en el territorio Bribri y atravesando varias quebradas, lo cual solo es posible con vehículos de doble tracción, pude presenciar lo bello del paisaje natural que contrasta con una realidad muy distinta a la mía.

Escuelas pequeñas compuestas por un solo salón en el que comparten todos los niños juntos, pues son unidocentes.

El piso de tierra en uno de los casos y la falta de agua potable, me hicieron agradecer a Dios por mis comodidades y por darme la oportunidad de compartir lo que poseo con aquellos no tan afortunados.

No son de hablar mucho, pero los pocos que se animaban a hacerlo apenas soltaban algunas palabras escondidas entre un esbozo de sonrisa. La mayoría vive en los alrededores de la escuela y los más alejados deben recorrer kilómetro y medio para poder estudiar, distancias no tan extensas en comparación con otros grupos indígenas, pero que igual por el camino empedrado y polvoriento en verano, o embarrialado en invierno, no deja de ser complicado, en especial para los más pequeños.

La visita además de la entrega de los paquetes escolares brindaba la oportunidad de compartir con los niños de un rato de esparcimiento y pese a la timidez natural de la población indígena, los menores se mostraron muy abiertos y disfrutaron de las bolsitas de confites y el refrigerio que compartimos.

Esa sensación de bienestar y alegría que te llena el interior cuando colaboras con otras personas sin duda, es la que debe movernos a seguir siendo solidarios en cada oportunidad que se nos presente y por qué no, invitar a otros a que lo vivan.

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