Tratado de comercio de armas: Un modelo para desarmar

Publicado el: 15 Jul 2013

Un tratado que busca controlar el comercio mundial de armas camina hacia su ratificación. ¿Cuánto falta? ¿Quiénes ganan y quiénes pierden?

Por Mónica Morales y Diego Jiménez
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Fotos AFP

“Nos adiestraban para disparar apuntando al corazón o a los pies. Antes del combate, teníamos que comer arroz mezclado con un polvo blanco y una salsa con un polvo rojo. También nos ponían inyecciones. A mí me pusieron tres. Después de esas inyecciones y de comer el arroz mezclado con el polvo, me convertía en un vehículo de motor, podía hacer cualquier cosa por mis dueños. Veía a nuestros enemigos como si fueran perros y lo único que había en mi mente era disparar contra ellos”.

Este es el relato anónimo de un niño que ametralló y esquivó balas en el último conflicto bélico en la República de Mali. La historia fue recogida por Amnistía Internacional junto a otras de menores en Somalia, Chad y más países de África.

Tales descripciones forman un retazo de las consecuencias del comercio irregular de armas en el mundo. Mientras algunos bolsillos se nutren de un intercambio que ronda los 80.000 millones de dólares anuales, niños de aldeas áridas y empobrecidas crecen como esclavos de guerras cuyas causas desconocen.

Anualmente, miles de armas y municiones llegan a manos criminales y a grupos con antecedentes de violaciones a los derechos humanos. Es un comercio sin controles. O al menos hasta ahora.

El pasado 2 de abril,  la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) aprobó el Tratado de Comercio de Armas (TTA, por sus siglas en inglés), que procura imponer frenos a esta práctica. 

Es un primer paso que puede parecer tímido ante la millonaria maquinaria que pretende controlar..., pero un primer paso al fin y al cabo.

 

Nacido en Costa Rica

El TTA fue gestado en Costa Rica e impulsado por el expresidente y premio nobel de la Paz, Óscar Arias, en un proceso que se extendió por más de 20 años entre el recelo de países en guerra y los mayores productores de armas en el mundo.

Según el exmandatario, en la década del ochenta, Estados Unidos e Irán eran grandes enemigos, pero aun así acordaron surtir de armas a la guerra centroamericana. “Las grandes potencias proveían las armas, y nosotros, los muertos”, recuerda. 

“La idea del Tratado de Comercio de Armas se inicia cuando me doy cuenta de que el tráfico de armas, legal e ilegal, se hacía sin ninguna regulación o control”, relata. 

El Tratado pretende controlar los embarques transfronterizos de armas convencionales, que van desde armamento ligero a tanques y helicópteros de combate.

También exige que los estados revisen los contratos internacionales de armas para garantizar que estas no se usen para cometer actos de terrorismo, abusos de derechos humanos o en el crimen organizado.

Las municiones no están contempladas. “Esta es una de las mayores debilidades del texto. (...) Sin embargo, tras intensas negociaciones logramos que, al menos, se exija a los estados mantener sistemas nacionales de control para regular la exportación de municiones. Además, se prohíbe exportarlas si ello violara medidas impuestas por el Consejo de Seguridad o acuerdos internacionales de los que los países sean parte”, declaró Ulibarri.

Tampoco aparecen los drones, los aviones teledirigidos cuyo uso contra poblaciones tribales en Pakistán se ha disparado en la administración de Barack Obama.

 

¿Quién gana?

El embajador de Costa Rica ante la ONU, Eduardo Ulibarri, asegura que los beneficios serán para las personas civiles que se ven atrapadas en los conflictos armados y ven violentados sus derechos humanos. Pero hay más. También se beneficiarán los ciudadanos de países que, debido al tratado, lleguen a gastar menos en armamentos e inviertan esos recursos en desarrollo.

Arias concuerda: “tanto puede beneficiarse un país disminuyendo los gastos militares: no puede ser que el mundo destine tanta plata en armas y soldados cuando no son necesarios”. 

Gana también la comunidad internacional que puede esperar, a mediano y largo plazo, una reducción en los índices de violencia e inestabilidad. Es decir, gana el mundo: habrá un texto oficial con líneas claras que permita añorar una disminución de muertes insensatas. 

“Además, se beneficiarán los productores y exportadores de armas que actúan de forma transparente y que ahora tienen una ‘competencia desleal’ de los que se desenvuelven en la penumbra y el secreto”, estima Ulibarri.

Para que el Tratado entre a regir, es necesario que 50 países lo ratifiquen, un proceso más lento porque depende de cada uno de los parlamentos nacionales. Nuestro embajador ante la ONU presume que antes de dos años se alcanzará el mínimo necesario.

El pasado 2 de julio, Islandia se convirtió en el primer país en ratificar el ATT.

La ratificación en Estados Unidos, el principal proveedor mundial de armas, parece lejana. La poderosa e influyente Asociación Nacional del Rifle, con el auspicio de los republicanos, ha mostrado su oposición a la regulación de este mercado.

 

Fuentes: Óscar Arias, premio nobel de la paz / Eduardo Ulibarri, embajador y representante permanente de Costa Rica ante las Naciones Unidas/ Agencia de comunicación Reuters (lta.reuters.com) / Amnistía Internacional (www.amnesty.org) / Organización de las Naciones Unidas (www.un.org

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