Un milagro que llegó como la segunda oportunidad

Publicado el: 26 Mar 2013

Vivamos todos los días como si fuera el último, pues nunca sabremos cuando la vida nos va a sorprender.

 

Johanna Porras
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Foto Johanna Porras

Quince días antes mi papá se había golpeado el pie en un partido de fútbol y pensó que era un simple desgarre, por lo que no acudió donde el médico y su condición se fue complicando, pues la trombosis es una enfermedad que actúa silenciosamente.

Como los caminos de Dios son tan perfectos, ese día se golpeó nuevamente el mismo pie ocasionándole un dolor fortísimo, entonces decidió acudir al doctor, quién le diagnosticó una trombosis, la cual debía ser tratada inmediatamente ya que su vida estaba en peligro.

Las horas de espera se hicieron eternas, pero como hermana mayor y cabeza de familia, debía mantenerme fuerte ante la situación.

El especialista nos explicó que mi padre no iba a tener una vida normal y que debía recuperarse en las próximas 48 horas, pues el coágulo que presentaba en el pie podía ocasionarle una embolia pulmonar.

En mi mente pasaron mil cosas, tan solo cinco días después haríamos un viaje familiar; el doctor nos dijo que si él no hubiera acudido a emergencias hubiera fallecido en el vuelo.

Luego de 48 horas su recuperación fue un éxito, gracias a los médicos, a la intervención del Padre Pío, a la Virgen de Los Ángeles  y a la cadena de oración de nuestra familia y amigos.

Hoy puedo decir que fue un milagro y nos enseñó que todas las personas debemos acudir al médico de inmediato ante cualquier dolencia o accidente, por más trivial que este sea.

Toda mi familia volvió a nacer ese día y comprendimos que Dios nos dio una oportunidad para estar juntos y vivir cada día como si fuera el último.

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