El arte, redescrubiendo a los privados de libertad

Publicado el: 25 Mar 2011

En las cárceles, los proyectos de arte y cultura dan respuesta y logran una sociedad más pacífica; además, promueven que las personas que han cometido un delito reflexionen sobre sus acciones e inicien un proyecto de vida con nuevas aspiraciones.


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Por Mónica Morales* mmorales@nacion.com/ Ilustración Pendiente

“Alguien me dijo una vez: ‘Muchacho, qué suerte que cambió’. Yo le respondí: ‘No señora, jamás cambié; solo encontré otra forma de seguir siendo yo’”. Este es Jhafis Quintero, que durante su estancia en prisión encontró otra forma de ser a través del arte.

Jhafis es uno de los jóvenes que participó en el proyecto piloto de la Asociación Persona Mentes en Libertad. Mediante talleres de arte y cultura, el programa permite que el privado de libertad se conozca y busque su lado creativo.

El resultado sorprende. Los muchachos canalizaron sus energías creativas, exploraron sus capacidades, utilizaron el tiempo de manera constructiva y una vez afuera, no volvieron a delinquir. Ninguno de los jóvenes volvió a prisión, ninguno.

Mientras algunas personas hablan de mano dura, de penas más altas y más número de cárceles (que según la experiencia de otros países, ha sido inútil para disminuir la violencia y el crimen), hay quienes parecen haber encontrado una fórmula que sí funciona.

“El arte permite humanizar, cambiar y transformar”, asegura Ofir León, actriz y directora de teatro que llevó un proyecto de teatro-danza al centro penitenciario El Buen Pastor. Sus muchachas han aceptado que cometieron un delito, se perdonaron por eso y se montaron a escena.

Hablar de la recuperación de estas mujeres es hablar de luz, de empoderamiendo de su propio cuerpo, cuerpos que han sido marcados por el dolor, el sufrimiento y experiencias duras, es hablar de nuevas ganas de salir adelante. “Me ayudó mucho a cambiar de actitud, ver la vida diferente, llevarme mejor con las personas”, afirma Amy, quien ahora goza de su libertad.

Ella es una de las beneficiadas con el proyecto artístico. Asegura que, de no haber existido este proyecto, hubiera salido de la cárcel sin esperanza, a hacer lo mismo que la llevó tras los muros de El Buen Pastor. En pocos días, estará estrenando un monólogo en el Festival Nacional de las Artes, frente a 300 personas. La obra Un día menos es un regalo para la gente y un regalo para el esfuerzo de Amy.

Jhafis nos contó su testimonio desde Holanda, donde recibió una beca por dos años. En una especie de trueque cultural, el artista brinda su conocimiento al circuito artístico de ese país y a la vez se nutre de él.

Ambos proyectos son un ejemplo de los resultados positivos. La metodología de estas iniciativas impulsan a que la persona asuma que cometió un delito y se haga responsable de sus actos. A la vez, los proyectos promueven que el privado de libertad se dé un espacio, enfrente la situación, se perdone por sus acciones y vuelva a descubrir que es un ser con valor para que siga adelante.

El delito forma delincuentes
Ni un número más, ni otro cuerpo ocupando otra cama, son personas. Cuando vemos la calidad de obras que está produciendo Jhafis y cuando vemos en los ojos de Amy la ilusión por su próximo estreno teatral, nos damos cuenta de que quienes llegan a prisión son seres humanos, como usted o como yo.

Sin embargo, la sicóloga Lucía Molina señala que el mejoramiento de las condiciones de vida de la población penal del país, o de los sistemas de justicia penal no son considerados de interés nacional.

Haru Wells, la directora del proyecto artístico, considera que hay un elemento humano en las cárceles de este país. Sin embargo, acepta que el sistema penitenciario no es un sistema favorecido, ni por el Gobierno ni por nadie. “No se puede pedir a quien no tiene que dar. Uno se da cuenta de que más no se puede hacer, no tienen financiamiento para más”, manifiesta.
Lo que sí interesa es el tema de seguridad ciudadana, por esto aparecen propuestas de los candidatos a la Presidencia del país que apuntan a mayor represión, afirma Molina.

El problema del crimen está lejos de solucionarse con más cárceles, la raíz del asunto está en la sociedad. “No hay en el llamado criminal alguna característica que le sea inherente, que faculte o propicie la realización de un acto criminal. El acto delictivo constituye un modo de estar inserto en el orden social”, explica la sicóloga.

A pesar de esto, el privado de libertad es considerado como un ser distinto, extraño, que está fuera de la sociedad, que no forma parte del conjunto, que tiene algún problema en su constitución y, por eso, es anormal.

Todas las personas estamos propensas a tomar decisiones incorrectas. Vivimos en una sociedad llena de conflictos y como dice Molina, el delito crea delincuentes. No se trata de restarle responsabilidad a las personas, al contrario, cada quien debe aceptar que hizo algo indebido, hacer conciencia del alcance de sus acciones y enfrentar las consecuencias. No obstante, debemos tener claro que como miembros de una sociedad, somos parte de lo que la sociedad crea.

Jhafis considera que la prisión es un reflejo de lo que se vive afuera, solo que de una manera más evidente. “En la prisión, la gente actúa sin mayores máscaras sociales, pues no tienen nada más que perder. Cualquier cosa que ocurra afuera se refleja de manera brutal, básica y clara allá dentro, en prisión podés ver los síntomas de la enfermedad social que hay afuera”.

Una sociedad que cierra puertas
El grupo de mujeres elaboraron un montaje escénico sobre el poema Te lo agradezco, escrito por una privada de libertad. El texto habla sobre el rechazo de la familia y la sociedad una vez que se sale de la cárcel. “La persona queda marcada para el resto de la vida, es muy fuerte”, manifiesta Ofir.

No existe manera de borrar la hoja de delincuencia, ni siquiera tras haber cumplido con la condena. La persona sale de la cárcel con un papel manchado, una mancha que le cierra las puertas para la mayoría de los trabajos.

“En el fondo no te perdonan que hayás estado ahí dentro. Nietzsche decía que la cárcel fue diseñada para hacer sentir buenos a los que estaban afuera, así que nadie quiere poner ningún tipo de confianza en un ser humano ‘exmalo’, que  según la filosofía popular podría volver a ser malo en cualquier momento”, piensa Jhafis.

El asunto no es salir, el asunto es no volver. Suena fácil, pero no lo es. Quien recupera su libertad sale sin lazos que le ayuden a reinsertarse en la sociedad, en muchos casos con ofertas de trabajo mal pagado, y vuelven al entorno social que los ha llevado a delinquir, a los mismos barrios, a las mismas casas, con los mismos amigos.

“En todos los niveles laborales la competencia es brutal, cada año se gradúan miles de estudiantes capacitados, que hablan varios idiomas, así que imaginate... Además, los trabajos sencillos donde no se necesitan mayores conocimientos es donde todos los ciudadanos ‘normales’ terminan”, indica Jhafis.

Las mujeres sufren una doble pena
Para variar, nosotras, las mujeres, somos difíciles, tenemos un carácter complicado, nos cuesta llevarnos bien, la carga emocional que manejamos se vuelve agresiva y, por eso, la cultura de encierro femenina es tan fuerte y compleja. Son pocas las personas como Ofir que se atreven a trabajar en el centro penitenciario El Buen Pastor.

Además, una vez fuera, la sociedad las juzga más, las culpa por fallar como personas, como madres, como mujeres. “Una cuando ha estado encerrada y sale es más difícil. Somos más emocionales, madres de familia, nos sentimos responsables del mundo, llevamos una carga más fuerte que los hombres”, explica la actriz.

Pero también son más las mujeres que se meten en esta aventura del arte y la cultura como terapia. Ahí está Ofir, con sus clases de teatro; ahí está Haru, con sus cursos de arte. Ellas nos demuestran que para formar una cultura de paz es necesario trabajar desde otros puntos de vista. De esta manera, estaremos dando una oportunidad a los privados de libertad de cambiar la dura experiencia del encierro por la libertad del arte.

FUENTES: Amy, actriz participante del proyecto de teatro del Centro Penitenciario El Buen Pastor / Carlos Brenes, director de la Cofraternidad Carcelaria de Costa Rica / Haru Wells, directora de la Asociación Persona Mentes en Libertad / Jhafis Quintero, artista / Ofir León, actriz y directora teatral / Artículo “Mitos en torno a la criminalidad”  (2005), de la sicóloga Lucía Molina, publicado en la Revista Reflexiones, edición 84.

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