La maternidad en los tiempos modernos

Publicado el: 13 Aug 2013

La sociedad aún no reconoce el aporte económico de la maternidad, desvaloriza a la que decide quedarse en casa con los niños e incentiva a las mujeres a dividirse en múltiples pedacitos para cumplir con las exigencias de la sociedad moderna.

 

Por Ana Luisa Monge
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En 1936 vio la luz un filme futurista y conmovedor: Tiempos Modernos de Charlie Chaplin. Compara a las personas con rebaños de ovejas que se someten al control total de las jefaturas, lo que lleva a la renuncia de la propia individualidad. Aún aquellos en posiciones de mando sufren las consecuencias del estrés, para lo que deben consumir medicamentos que los mantengan funcionando. Casi 80 años después, dicha realidad sigue vigente y ha atrapado a la mujer moderna.

La realidad biológica de la mujer no ha cambiado, es la misma de hace millones de años. Al igual que todas las hembras mamíferas, nuestros cuerpos están preparados para albergar vidas y alimentar a nuestras crías después del parto. Al final del embarazo, nos llenamos de prolactina y oxitocina, hormonas maravillosas que nos preparan para amamantar y amar a nuestros bebés. De hecho, el bebé humano tiene un periodo muy prolongado de extrema dependencia para garantizar el desarrollo óptimo de los sistemas nerviosos e inmunológicos.

¿Pero qué sucede en la actualidad? Las mujeres deben volver al trabajo tres meses después de haber dado a luz. Aunque existe el derecho a la hora de lactancia, el tiempo de traslado al trabajo y otras obligaciones obstaculizan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS): la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida. Como consecuencia, las madres actuales tienen un acceso limitado a los beneficios de la lactancia natural, como la mayor protección ante varios tipos de cáncer.

Revaloremos la maternidad

Imaginemos que necesitamos una niñera del más alto nivel posible y pedimos requisitos muy especiales: que sea profesional con título universitario, bilingüe, de carácter dulce y atento, con habilidades múltiples para atender la casa y a los niños, con conocimientos básicos de psicología infantil y nutrición, disponible las 24 horas del día y todos los días de la semana y sin derecho a feriados ni vacaciones. Una empleada con requisitos tan elevados debería devengar un salario mínimo de 5.000 la hora, lo que significaría casi 3.500.000 colones mensuales ($7.000 dólares estadounidenses). 

 

Esa empleada ideal es la madre, pero la sociedad aún no reconoce el enorme aporte económico de la maternidad. Todo lo contrario: se desvaloriza a la que decide quedarse en casa con los niños, y se incentiva a las mujeres a dividirse en múltiples pedacitos para cumplir con las exigencias de la sociedad moderna. Como resultado, tenemos muchas mujeres con enfermedades derivadas del estrés y muchos infantes con carencias emocionales que luego se convierten en adolescentes y adultos problemáticos. 

 

En el siglo XX se hicieron avances muy valiosos para que las mujeres alcanzáramos un lugar digno en el mercado laboral. Muchas optaron por tener pocos hijos o por renunciar a la maternidad para entregarse de lleno a sus carreras profesionales. Fue la época de conseguir el reconocimiento de nuestra dignidad como mujeres. Ahora no se trata de retroceder en la lucha por la igualdad, pues la verdadera igualdad, con las mismas oportunidades y salarios, aún está lejos de conseguirse. 

Pareciera que el desafío del siglo XXI será el desarrollo de un modelo laboral y productivo que nos permita disfrutar de la maternidad y, al mismo tiempo, desarrollarnos como profesionales. Así como las mujeres del siglo pasado se organizaron para insertarse dignamente en el mercado laboral, las mujeres de este siglo podemos organizarnos para que la sociedad reconozca el valor económico y cultural de ser madres. Pero debemos empezar por nosotras mismas: a menudo somos las mismas mujeres las que desvalorizamos la maternidad

¿Qué podemos hacer en las circunstancias actuales?

1. Únase a otras personas, hombres y mujeres, para proponer cambios en la legislación con respecto a la licencia de maternidad. En varios países desarrollados, las madres tienen derecho a un año o más, con cobertura total o parcial del salario. En Costa Rica ya existe un borrador de un proyecto de ley que amplía la licencia a 6 meses después del parto. Recordemos que la unión hace la fuerza.

2. Si las posibilidades económicas se lo permiten, procure prolongar el tiempo con su bebé más allá de los 3 meses de edad. Ese tiempo será una inversión muy valiosa en términos de salud física y emocional, tanto para usted como para la criatura.

3. Si debe reintegrarse al trabajo al término de la licencia, asegúrese de que las personas que cuidan al bebé sean de absoluta confianza. Pida ayuda a su pareja y a familiares para que colaboren con tareas del hogar, de manera que usted pueda dedicarle tiempo de calidad al bebé.

4. Aunque se le haga eterno, recuerde que la infancia pasa rápido. Disfrute esos años de dependencia en donde tiene la maravillosa oportunidad de formar a otro ser humano. Cuando sus hijos sean grandes, su corazón se hinchará de una enorme satisfacción.

5. Conforme los niños crezcan, usted podrá retomar poco a poco sus espacios personales. Busque pasatiempos y ratos de ocio que le alegren el alma para regresar fortalecida a la familia.

6. Proteja su propio bienestar personal como la joya más valiosa que existe. No vale la pena enfermarse, emocional o físicamente, a causa de un trabajo por más prestigioso o remunerado que sea.

7. Busque ayuda cada vez que lo necesite. La maternidad nos muestra las fortalezas internas, pero también nos confronta con nuestras carencias y debilidades. Ahora disponemos de muchos medios para recibir ayuda: escuelas para padres, iglesias, grupos de apoyo e instituciones públicas y privadas. Utilice la ayuda a su alcance. 

Es probable que nuestras nietas vayan a vivir mejores condiciones que nosotras. Quizá la sociedad avance en crear un modelo productivo con igualdad de derechos para hombres y mujeres, junto a un mayor espacio para la maternidad plena. 

Tal vez suene a utopía, pero no lo es. Hace 65 años era un sueño que las mujeres ejercieran el voto. Hace 40 años las madres apenas tenían un mes de licencia después del parto. Hace sólo 24 años la gente se reía ante un proyecto de Ley de Igualdad Social de la Mujer. Lo que hoy nos parece un sueño, puede ser la realidad del mañana. Depende de nosotras. 

 

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